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EL RADIOAFICIONADO PATITIESO

¿LOS PROBLEMAS LLEGAN SIN AVISAR?

¿LOS PROBLEMAS LLEGAN SIN AVISAR?

La percepción común es que un día te levantas, o giras por una esquina, o descuelgas el teléfono y ¡zas!, te aparece un problema con el que no contabas. Lo mismo se cree de los accidentes, que suceden sin un aviso previo. Pero la realidad indica que esto es completamente falso. Precisamente, lo que más abunda antes de un problema o accidente son los avisos. Otra cuestión es que les hagamos o sepamos hacerles caso.

 En el caso de la radioafición, la escandalosa ignorancia de los múltiples avisos que estamos recibiendo es paradigmática. 

El foro de URE se hace eco de la noticia aparecida en el periódico digital Ine.es que publica la noticia que un juez ha anulado la licencia de instalación de una antena de radioaficionado. (http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1805_54_572111__Centro-juez-anula-licencia-instalacion-antena-radioaficionado)Inmediatamente se ha levantado una ola de indignación pero, ¿acaso puede extrañarnos que cada vez no encontremos con mayores dificultades para instalar uno de los elementos más esenciales para el funcionamiento de una estación de aficionado?  

En esta vida todo tiene un precio y ahora estamos pagando los desmanes que hemos cometido, escudados por la famosa Ley de LEY 19/1983, de 16 de noviembre, sobre regulación del derecho a instalar en el exterior de los inmuebles las antenas de las estaciones radioeléctricas de aficionados. 

Avisé repetidamente, y en diversos medios, que se estaban cometiendo abusos excesivos al amparo de esta Ley y que si no éramos prudentes terminaríamos por pagar tanta impunidad. Dije que esta Ley no era patente de corso. Dije que esta Ley estaba desfasada y que era preciso que los responsables de la la asociación mayoritaria del sector empezara a moverse para conseguir que Telecomunicaciones la revisara. También dije que antes de instalar un falo antenístico, el aficionado pensara razonablemente si realmente lo iba usar para algo más que demostrar que tenía la cartera más abultada de billetes que ninguno de sus compañeros.  

Nada, ni caso. Bueno, caso, en cierta manera, sí. Conseguí una colección de burlas, insultos y amenazas proferidos por arrogantes “lectores en diagonal” que no alcanzaron a entender el sentido de mis palabras. Pero ya no importa. El tiempo se empieza a encargar de ponernos en nuestro sitio.   

Imagino que alguno de los lectores de este blog tildará esta comentario de alarmista y/o catastrofista. Es una pena que en vez reflexionar sobre el contenido del mensaje, sea más divertido cargarse al mensajero.

 

 Johan Cruyff dijo en cierta ocasión que un problema no puede solucionarse si no se sabe cual es el problema.  

 

UNA VERDAD INCÓMODA

UNA VERDAD INCÓMODA

El ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore y el Grupo Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático de Naciones Unidas han obtenido el Premio Nobel de la Paz con su VERDAD INCÓMODA. 

Mientras tanto, en nuestro amado país, el aspirante a ganar las elecciones del próximo año, no se le ocurre otra cosa que decir que su primo (¿será el de Sumosol?) quien relató que un primo suyo (catedrático de Física) le había garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla, por lo que se preguntó "¿cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?". 

Esta extraña reacción en alguien que pretende gobernar nuestros destinos durante los próximos años, me recuerda el editorial aparecido en una revista de radioaficionados en la cual, bajo el título “Pesimismo desproporcionado” se califica de agoreros a quienes desde una profunda reflexión y con datos incuestionables en las manos, avisan del declive que está experimentado la radioafición.  

Un declive que se debe sobre todo, no sólo a lo que se comenta en la mencionada editorial, que mucho tiempo les ha costado reconocerlo, sino a la pérdida de valores. Unos valores que, sin los cuales, la radioafición queda reducida a una simple afición sin mayor trascendencia.  

Lo más divertido es que, al igual que el aspirante a presidente del estado cuenta con una comitiva de personajes que aplauden sus errores e incluso los engrandecen desde su ignorancia interesada, en esta asociación de radioaficionados también hay quien cree a pie juntillas y bendice todos los fallos de percepción global que adolece su presidente.  

Tal vez sería cuestión de proponerlo para el premio Ig-Nobel al optimismo interesado. ¿Una verdad incómoda?    

 

LA PUESTA A TIERRA

LA PUESTA A TIERRA

CONTEXTUALIZANDO

 

Este artículo se terminó de escribir en agosto de 2003, y es el resultado de largas discusiones entre diversos radioaficionados sobre la conveniencia o no de una buena toma de tierra, y las confusiones y problemas que plantea esta instalación en las edificaciones donde no existe. El último recurso es evitar que el rayo penetre en la casa. Lea y sabrá como.

  

LA PUESTA A TIERRA

 

Una de las dudas que más frecuentemente se plantean los aficionados que proyectan la instalación de sus elementos radiantes, es la toma de tierra. En uno de los apartados de las memorias que ha de presentar ante la Jefatura Provincial de Telecomunicaciones se hace referencia a la obligación de instalar una toma de tierra adecuada. No se especifica medidas ni sistemas de colocación porque Telecomunicaciones no tiene competencia sobre este apartado técnico que ya está descrito y normalizado en las Normas Tecnológicas de la Edificación, NTE, concretamente en el capítulo dedicado a las Instalaciones 1ª parte, NTE-IAA (Instalaciones Audiovisuales Antenas)

 

CONFUSIONES

 

Existe un cierto desconcierto sobre todo lo referido a la puesta a tierra. Una creencia muy extendida es que la puesta a tierra de los mástiles de las antenas protege de la caída de rayos. Desgraciadamente no es del todo cierto. Si usted tiene la mala fortuna que una chispa eléctrica incida sobre su elemento radiante, no sólo no lo protegerá sino que, probablemente, se volatizará. Precisamente, una antena en lo alto de un mástil o torreta conectada a un cable puesto a tierra, es lo más parecido a un pararrayos y, por lo tanto,  tiene más posibilidades de atraer un rayo que otra completamente aislada en el espacio. En realidad, lo único que protege realmente de los rayos es el viejo invento de Franklin

 

La puesta a tierra del mástil de la antena es conveniente para descargar la electricidad estática acumulada, debido a la acción del viento o eventuales chispas atmosféricas e, igual como la de los equipos eléctricos de cualquier clase, también vale para cerrar el circuito eléctrico.

 

No hay que confundir la puesta a tierra con la masa, aunque están muy relacionados. La masa es el punto de un sistema eléctrico que tiene tensión cero. Generalmente el chasis de un equipo eléctrico está a potencial de masa y sirve como vía de retorno para las señales, y también para los circuitos de potencia. La masa en un circuito electrónico es el conjunto de piezas o componentes de la instalación, unidos eléctricamente entre si y al soporte o base. Habitualmente, en este chasis existe un lugar donde se puede conectar a la puesta de tierra.

 

El plano de tierra de una antena vertical es el que está formado por un conjunto de radiales sintonizados, más o menos perpendiculares al elemento radiante, bajo el cual se forma una imagen virtual, inversa y especular, de la antena.

 

NTE-IAA

 

Las Normas Tecnológicas de la Edificación NTE es una publicación del Ministerio de Fomento y consta de varios volúmenes donde se desarrollan todas las normativas inherentes a las edificaciones y sus instalaciones. La conocida como NTE-IAA trata todo lo referente a las instalaciones colectivas de antenas de Televisión y Radio en Frecuencia Modulada, pero puede aplicarse, al menos en parte, a las antenas de radioaficionado. La normativa data del año 1973 y la consulta la he realizado en la reedición de febrero de 2000. Cabe, pues, la posibilidad que exista alguna modificación más reciente por lo que, si usted está interesado, deberá comprobar si hay alguna edición más actual.

 

La NTE-IAA, apartado 3, referente al Criterio de diseño, dice que: Cuando en el edificio sea necesaria la instalación de pararrayos, de acuerdo con la NTE-IPP: Instalaciones de Protección Pararrayos, el equipo de captación quedará, en su totalidad, dentro del campo de protección del pararrayos y a una distancia no inferior a 5 metros del mismo. (sic) Sin embargo, las antenas de radioaficionado, por sus características y tamaño, no suelen quedar protegidas de esta manera. Esto obliga a pensar en una instalación autoprotegida cuando diseñemos nuestro sistema radiante.

 

La obligación de instalar pararrayos en un edificio de viviendas solo es tal cuando el bloque supere los 43 metros de altura o que, siendo el edificio más alto en relación a los circundantes y teniendo canalones o depósitos metálicos en su cubierta, lo haga aconsejable. En todo caso, debe consultarse al arquitecto o ingeniero para que dictamine como y cuando ha de procederse a su instalación, según la NTE-IPP

 

NORMA NTE-IEB-32

 

Prácticamente es la única referencia que hace la NTE sobre la puesta a tierra de antenas. En ella dice brevemente que El conductor de puesta a tierra de 6 mm2 de sección. Conectado al mástil así como al equipo de amplificación con la línea de puesta a tierra del edificio (sic). El redactado es muy simple y esquemático pero de él se deduce que la toma de tierra de su antena puede conectarse a la común del edificio. Esta interpretación es importante porque, al mismo tiempo que simplifica la conexión, evita que el radioaficionado se vea inmerso en la construcción de una instalación de puesta a tierra muy onerosa para su bolsillo.

 

Una pregunta que surge inmediatamente es si el cable de tierra ha de estar desnudo o enfundado. Como se trata de una instalación que en principio no lleva ningún tipo de carga, salvo momentos excepcionales, y el cable discurre aislado de cualquier otro, puede ir perfectamente desnudo. De hecho, los cables de los pararrayos están de esta manera. Sin embargo, si opta por la solución del cable forrado, tenga en cuenta que la normativa eléctrica exige que el conductor de tierra ha de estar diferenciado del resto de conductores de tensión, fase y neutro, por un código de colores. Los cables de tierra son amarillos y verdes, formando varias franjas alternas y longitudinales.

 

LA PUESTA A TIERRA

 

La normativa referente a las instalaciones de puesta a tierra también está debidamente tipificada en la NTE-IEP, que trata sobre la instalación de pararrayos. De ella podemos aprender y deducir algunos aspectos interesantes. Observando los esquemas y el redactado de ambas normativas (IAA e IEP), no queda muy claro como han de efectuarse las instalaciones. Mientras que en la normativa NTE-IAA dice en su Criterio de diseño que podrá estudiarse la posibilidad de situar las antenas y el pararrayos sobre el mismo mástil, en el Criterio de diseño de la NTE-IEP diferencia claramente la línea de puesta a tierra de la antena de la bajada de pararrayos. El único punto en común está situado en la cimentación del edificio, donde discurre el anillo de conducción de puesta a tierra. Sin embargo, en el Real Decreto 2623/1986 de 21 de diciembre, dice en el artículo 17 que Los soportes de las antenas no podrán ser fijados a soportes o anclajes de pararrayos ni a los de conducciones aéreas de energía eléctrica (sic) Una reproducción de este articulado puede leerse en el modelo del pliego de solicitud de nueva licencia o modificación, que suministra Telecomunicaciones.

 

De todas maneras, como la instalación del radioaficionado queda siempre fuera del ámbito de cobertura del pararrayos, en caso que exista, la puesta a tierra del mástil o torreta puede ir conectada al cable del pararrayos o de la antena de televisión colectiva pero, ¿como ha de ser esta conexión?

Habida cuenta que si sucediera una descarga sobre la antena, esta sería de gran intensidad, ha de descartarse desde el principio cualquier tipo de soldadura de estaño habitual. La única admisible es la soldadura aluminotérmica pero también es aceptable la unión mecánica, mediante abrazaderas adecuadas que aseguren un empalme fuerte y una amplia superficie de contacto.

 

NO HAY TOMA DE TIERRA

 

Esto ocurre frecuentemente en edificios antiguos y entonces el problema se agrava. Si usted vive en una casa unifamiliar de planta baja la solución es bastante simple. Basta buscar algún lugar adecuado donde clavar una pica de acero, recubierto de cobre  de 1,4 cm. de diámetro y una longitud de 200 cm. Esta pica deberá hincarla mediante golpes cortos y no muy fuertes, e manera que se garantice una penetración sin roturas (sic). Si esta operación la ha hecho en un extremo del patio, el conductor que va de allí hasta la casa puede ir enterrado por el suelo a una profundidad igual o mayor de 0,5 metros, aunque  si la resistividad del suelo es elevada, será suficiente con 0,3 metros. Si el conductor de toma de tierra está protegido mecánicamente mediante un envolvente, la sección puede ser de 16 mm2 si es de cobre, o acero galvanizado o bien, si no está protegido contra la corrosión, deberá ser de 25 mm2 si es de cobre o de 50 mm2. si fuera de hierro. En todo caso deberá consultar la normativa ITC-BT18 del nuevo Reglamento de Baja Tensión del año 2002 (BOE nº 224 de 18 de septiembre de 2002). El número de picas también dependerá de las características propias del suelo sobre el que está instalada. La conexión del cable de tierra a la línea de tierra que baja desde su antena deberá hacerla dentro de una caja de conexiones específica que puede encontrar en su suministrador de material eléctrico.

 

Si vive usted en un piso alto de un inmueble antiguo que carezca de puesta a tierra, no tendrá más remedio que instalar la suya propia, salvo que exista un ascensor. Seguramente que la maquinaria dispondrá de una buena toma de tierra. Si así fuera, hable con la empresa ascensorista y pídales que le dejen conectar una prolongación hacia el exterior. Explíqueles para que la quiere y demuéstreles que no afectará en nada a la instalación del elevador. Asesórese con un instalador electricista Tal vez pueda convencer a sus vecinos que se trata de un elemento de seguridad importantísimo para toda la colectividad. Dígales que allí podrán conectar los mástiles de sus antenas de televisión, evitando que una tormenta les funda su televisor o el nuevo DVD. No pierda la paciencia. Sea didáctico.

 

¿ALTERNATIVAS?

 

No hay alternativas válidas para una puesta a tierra efectiva. Seguramente alguien le dirá que puede solucionar su problema conectando el cable de tierra a la tubería del agua. No lo haga. Actualmente está prohibido. He sido testigo directo de lo que ocurre cuando se conecta un aparato eléctrico a una cañería. Tal vez a usted no le suceda nada pero, posiblemente, algún vecino o vecina se estará preguntando porqué le da calambres cada vez que se ducha o lava las manos. Cuando esta situación alcanza límites preocupantes, el vecino acude a la compañía de la luz y estos tienen suficientes medios para localizar de donde procede el problema. Si llega a este extremo, le será muy difícil convencer al vecindario de las alegrías de la radioafición. Además, cada vez ocurre con mayor frecuencia que las viejas tuberías de hierro son substituidas por las nuevas de PVC. Luego, la chapuza no funciona.

No valen ni planchas de hierro atornilladas a una pared o pilar de hormigón, ni tuberías de plomo arrolladas como ensaimadas, ni barandillas metálicas, ni tuberías de agua o calefacción... Nada. ¡Ni le pase por la cabeza pensar en la tubería del gas!  

 

¿PROTECCIÓN CONTRA RAYOS?

 

Se lo decía al principio y lo vuelvo a repetir al final. Un mástil o torreta de antena,  puesta a tierra no se diferencia en casi nada de un pararrayos, salvo que usted tiene conectados a esta línea sus equipos de radio.

La única protección posible para sus equipos (y su hogar) ante una tormenta eléctrica, es la desconexión física de los aparatos. Las bajadas exteriores de coaxiales y cables de rotor deberían ir a parar a una caja de conexiones ubicada en el exterior de su vivienda. Cuando prevea que se aproxima una tormenta eléctrica o, simplemente, se ausenta de su casa por varios días, todos los cables deberían desconectarse, de manera que no exista ninguna posibilidad que una descarga caída sobre su antena penetre hacia el interior de la casa.

Existen cajas de PVC estancas y preparadas para resistir las inclemencias del tiempo. Use una del tamaño adecuado que albergue todos sus cables y futuras instalaciones y hágalo de tal manera que pueda acceder fácilmente a ella para desconectar la parte que se introduce dentro de su casa.

Algunos aficionados se limitan a desconectar el coaxial de su equipo y dejarlo encima de la mesa. Es un error. Si tiene la desgracia que una chispa visite su instalación, la descarga recorrerá todo el cableado y, posiblemente, causará algún incendio durante el recorrido, especialmente si encuentra algún recodo agudo. No se arriesgue. Sea previsor y, a la más ligera sospecha de actividad tempestuosa, desconecte sus antenas por la parte exterior del edificio y ponga una cartulina frente a sus equipos advirtiendo que ya no están conectados. Esto le servirá de advertencia cuando, una vez haya pasado el temporal, desee volver a transmitir.

 

Por supuesto, si tiene pensado realizar una nueva instalación radiante, lo primero que debe hacer, una vez posicionados los anclajes, es conectar la base del mástil o torreta a la toma de tierra, no sea que cuando esté encaramado en lo alto, una chispa o la electricidad estática le hagan pasar un mal rato. Sea precavido.

 

MANTENIMIENTO

 

La puesta a tierra es importante, no sólo para el radioaficionado sino para el propio edificio en el que habita. Si el suyo no dispone de ella, propóngalo en la próxima reunión de vecinos. Recuerde también que, como cualquier otro elemento, la puesta a tierra requiere un mantenimiento regular. A veces, la pica de conexión está situada en un sótano donde se han tomado medidas constructivas para impedir el paso a la humedad. Esto es bueno para el edificio pero malo para conseguir una buena tierra, que pierde efectividad con la sequía. Una vez al mes revísela y riéguela con abundante agua para que el terreno la absorba y mantenga el grado de humedad adecuado.

Según el criterio de mantenimiento de la NTE-IEP-6, donde se especifica la utilización, entretenimiento y conservación, Cada año, en la época en que el terreno está más seco, se comprobará su continuidad eléctrica en los puntos de puesta a tierra, y así mismo después de cada descarga eléctrica si el edificio tiene instalación de pararrayos.

La Prueba de servicio indica que los controles a realizar consisten en comprobar la resistencia de puesta a tierra medida en los puntos de puesta a tierra. Si es mayor de 15 Ohmios, cuando el edificio tiene instalación de pararrayos, no se aceptará como válida la instalación. En las instalaciones provisionales de obra, se admite hasta un máximo de 80 Ohmios.

 

En definitiva, la puesta a tierra del soporte de antenas, así como de todos los equipos de radio y demás aparatos eléctricos de su domicilio, es una medida de seguridad muy importante, que previene y evita accidentes personales y averías de sus aparatos, cuya reparación, a veces, resulta más costosa que la instalación de una puesta a tierra.

 

RESUMEN

 

Si está muy atareado/a y no puede leer todo lo que escribí para usted, se lo resumo en media docena de líneas.

1.- La toma de tierra en el mástil o torreta es necesaria y obligatoria.

2.- El cable de toma de tierra será de 6 mm2, desnudo o forrado (amarillo-verde)

3.- La única protección eficaz contra los rayos es el pararrayos.

4.- Desconecte sus equipos de las antenas y corriente cuando hay tormenta eléctrica.

5.- No use las cañerías de agua como sustitutivo de una toma de tierra.

6.- No hay alternativas mágicas a la toma de tierra.

    

INTERFERENCIAS, una canción para los radioaficionados

INTERFERENCIAS, una canción para los radioaficionados

¿Se acuerdan del Chaval de la Peca? Durante un tiempo gozó de cierta dama al aparecer en uno de los primeros programas de Andreu Buenafuente que se emitía por TV3 y uno de sus éxitos fue un anunció de una marca de teléfonos móviles. Pues bien, eso ya es historia. Ahora ha renacido con lo que parece es su auténtico nombre, Marc Parrot.

¿Por qué explico estas cosas en un blog de radioafición? Pues porqué Marc Parrot acaba de editar su último CD titulado INTERFERENCIAS, y dentro de este álbum aparece la canción “Radioafeccionat” (radioaficionado)

En tan solo 3 minutos y 7 segundos hace un retrato del radioaficionado de hoy visto por una persona ajena a la radioafición.

Musicalmente no es gran cosa, pero la letra contiene un mensaje importante que es digno de tener en cuenta.

La noticia para la radioafición es que, por primera vez (que yo sepa), un músico de nuestro país ha escrito y musicado un tema que habla de radioaficionados.

Como imagino que muchos lectores les será más fácil leer la letra en castellano, me he tomado la molestia de traducirla. Dice así:

Siempre encerrado

No sale nunca de su casa

Pero está informado

De todo lo que pasa

Al otro lado del mundo.

Por los filamentos y por las antenas

Su voz por todo el planeta

Tiene proyección al más allá.

Mi vecino oye cantos de sirena

Sonidos submarinos de altas frecuencias

Huye de la luz y el mundo se le ha resquebrajado

Tiene una palabra para cada letra

Códigos secretos, puertas estrechas

No quiere sentir nada cerca.

Tiene archivadores sin nombre ni fecha

Tiene en la cabeza rincones donde no corre el aire

Ya no tiene ni tierra ni pies.

Se ha quedado solo, distorsionado, desintonizado.

(Letra y música de Marc Perrot. Álbum: Interferencias - 2007)

Esta letra dice muchas cosas que es conveniente analizar pausadamente. La mirada de un músico poeta puede dar mucha luz sobre el estado actual de la radioafición.

Enlace al sitio web de TV3 para ver el video de la entrevista a Marc Parrot, donde comenta su visión de los radioaficionados:

http://www.tv3.cat/ptvcatalunya/tvcServei.jsp?seccio=tvcat&servei=multimedies

El video se titula:  Marc Parrot: "Ulleres per veure-hi malament"

 

 

¡RAYOS Y CENTELLAS!

¡RAYOS Y CENTELLAS!

CONTEXTUALIZANDO 

Este artículo fue publicado en la revista URE en Julio de 1995. La idea vino como consecuencia de las conversaciones entre varios radioaficionados algunos de los cuales sostenían que, en caso de tormenta, era suficiente desconectar el cable de antena de los equipos e introducir el conector dentro de un vaso de cristal, por supuesto vacío. Tampoco se tenía muy claro como “funcionaba” un rayo, así que decidí investigar un poco y escribir lo que viene a continuación. 

RAYOS Y CENTELLAS  

Dice la literatura bélica que, para vencer a un enemigo, es primordial conocerlo y, aun cuando sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena, los enemigos más peligrosos del radioaficionado no son ni los vecinos, que siempre nos culpan del mal estado de sus antenas o televisores, ni la Administración, que nos ahoga con su burocracia, ni tan siquiera estos personajes, unos infelices otros maliciosos, que perturban los reemisores que pagan unos pocos para disfrute de todos. ¡No!, el enemigo más temido, pero más ignorado, y que más indefensos nos tiene es el rayo. 

Porque el radioaficionado, a diferencia de otras aficiones, no tiene más remedio que instalar uno de sus símbolos más queridos (porque a veces no dejan de ser meros símbolos) en la azotea. Antenas a merced de todos los vientos y lluvias ácidas pero, sobre todo, reclamos activos de rayos y centellas. Porque, en realidad, ¿alguien cree en su fuero interno que existe alguna diferencia entre un pararrayos (que no para sino que los atrae) y una antena? 

BENJAMÍN FRANKLIN

Pero, ¿qué es el rayo? La  bibliografía consultada nos aclara que se trata de una chispa eléctrica de gran intensidad, causada por la diferencia de potencial entre partes de una misma nube, de dos nubes diferentes, de una nube a tierra o de tierra a una nube. Según estudios realizados, el número de rayos de nube a tierra no exceden del 1% del total, y los que van de tierra a nube aún son más raros. No obstante, este “ridículo” 1% es precisamente el que nos puede afectar directamente y por tanto el que más nos preocupa. 

A Benjamín Franklin también debía de preocuparle, a pesar de no tener ninguna antena en el tejado pues, en el año 1752, aún no existían radioaficionados propiamente dichos. El buen hombre, ignorante en la materia, como muchos de nosotros, ideó un sistema para demostrar que el relámpago era una descarga eléctrica. Para ello, se proveyó de una cometa que llevaba un alambre pegado a su estructura, y esta la gobernó a través de una cuerda de seda. En su extremo adaptó otro trozo de hierro intercalado entre otra porción de seda que sujetaba, feliz, en su mano. Provisto de este instrumental, elevó la cometa hacia los negros nubarrones que presagiaban tormenta. Cuando la tuvo a la altura suficiente, acercó el índice al metal y observó como una chispita saltaba del hierro al dedo (los hay que nacen con suerte). Cuando se desencadenó la tormenta y todo se mojó, y por lo tanto se volvió conductor de la electricidad, comprobó que era posible cagar una botella de Leyden.

¡Atención!, que a nadie se le ocurra repetir el experimento, pues es muy improbable que tenga tanta suerte como el señor Franklin. 

EL RAYO  

Las nubes están formadas por acumulaciones de vapor de agua. En su interior se produce una serie de fenómenos que un profano como yo no va a explicar. En líneas generales, diremos que en una nube, cuando la humedad condensada cae a través de una corriente de aire ascendente, las gotas grandes adquieren carga positiva y las pequeñas carga negativa. Cuando las mayores alcanzan la tensión de caída se descomponen en trozos de diferentes tamaños, los gruesos con carga positiva caen mientras que los pequeños cargados negativamente son elevados de nuevo hacia arriba. Este proceso va repitiéndose hasta que llega el momento que se produce una diferencia de potencial tan elevada que se desencadena una descarga eléctrica para equilibrar la situación. Eso acostumbra a ocurrir entre nube y nube o dentro de la propia nube pero, ocasionalmente, también se produce entre la nube y el suelo. 

El primer aviso de tormenta puede ser visual y/o auditivo. El rayo, con su deslumbrante fogonazo, viaja a 300.000 km/seg (aproximadamente) y precede al trueno, cuyo estrépito sonoro se desplaza a 340 metros por segundo. Finalmente. La lluvia empieza a caer a 6 ó 7,5 metros por segundo. De ahí que relacionando las velocidades de la luz y el sonido sabremos a que distancia se halla la tormenta, es decir, si entre un relámpago y el trueno que lo acompaña transcurren 15 segundos, podemos deducir que la tempestad está a unos 5 km. De distancia. Simplemente habremos multiplicado la velocidad del sonido por el tiempo transcurrido entre el destello luminoso y la recepción del ruido (340 m/seg. X  15 seg. = 5100 metros). 

No hay rayo sin trueno y esto es debido a que cuando la descomunal energía eléctrica  atraviesa la atmósfera, calienta hasta la incandescencia las moléculas y partículas de polvo, lo que motiva una violentísima  expansión del aire cercano y la compresión del más alejado. Entonces se produce un gran frente de onda de aire que genera el trueno. 

ESTADÍSTICAS  

Una curiosa estadística de bajas señala que se producen más muertes en los pueblos pequeños que en las ciudades, por la sencilla razón que sus pobladores acostumbran a trabajar en el exterior. También son alcanzados 5 veces más los hombres que las mujeres. La razón es igual de simple: los hombres permanecen más tiempo en el exterior, mientras que las mujeres buscan refugio con mayor prontitud, lo que evidencia una inteligencia más desarrollada por parte del sexo femenino. 

La misma estadística nos dice que acostumbran a caer más rayos en iglesias y escuelas que en el resto de edificios, porque estos edificios suelen tener estructuras elevadas, terminadas en punta y, casi todos disponen de pararrayos. 

El estudio señala los lugares donde es más probable que caiga un rayo, a saber: casetas aisladas, árboles aislados, cercas de alambre, torres de conducciones eléctricas, transformadores, mástiles y, ¡como no!, antenas de radioaficionados, cebeistas, radioescuchas y usuarios de televisión. 

PROTECCIÓN            

¿Como podemos protegernos de los rayos? Realmente, ante esta furia de naturaleza, poco podemos hacer. No obstante trataremos de analizar el problema a la luz de nuestra poca sapiencia. 

Lo primero que se nos ocurre es de lógica aplastante. No dar oportunidades, es decir, evitar cualquier situación de riesgo a toda costa. De acuerdo, esto no siempre es posible vivir dentro de una Jaula de Faraday. Es sabido que una habitación construida con barrotes de hierro a modo de suelo, techo y paredes, debidamente aislada del entorno, impide que la penetre cualquier descarga eléctrica. Una solución no tan drástica puede ser la de escoger una vivienda cuya estructura, pilares y vigas, sea metálica. 

Si ya tiene casa y no está dispuesto a cambiarla, puede instalar una buena toma de tierra (otro día comentaremos cómo debe ser) y derivar siempre, y por costumbre, todas las antenas a tierra después de cerrar la estación de radio. Pero ¡atención! Si la instalación de la línea coaxial transcurre por el interior de la vivienda, esta conexión y derivación a tierra debe hacerse en el exterior, antes de que penetre dentro de la casa. No hay que confundir las tomas de tierra individuales de los equipos con la toma de tierra de la torreta o mástil de la antena 

Una solución también podría ser la de instalar un pararrayos colectivo, pero esto significa prever un peligro colateral. En efecto, si un rayo cae en un pararrayos próximo a nuestras antenas, a pesar de que ninguna chispa le afecte directamente, el enorme campo electromagnético creado a su alrededor puede, muy fácilmente, averiar todos los equipos conectados a las antenas situadas a su alrededor. Por esta razón, es muy importante tener desconectada la estación de radioaficionado, y también todos los televisores y demás aparatos que usen antenas exteriores. Ante tormentas de gran magnitud es aconsejable desconectar las tomas de corriente, o mejor aún, si se dispone de un cuadro de mandos eléctrico con ICP y diferencial magnetotérmico, desconectarlos igualmente pues si un rayo cae en una central o subcentral eléctrica, línea aérea o transformador, puede producirse una elevación súbita de voltaje y no dar tiempo a la desconexión automática del diferencial, o simplemente puentearlo, quemando todos los electrodomésticos de la casa.  

¿LAS ANTENAS SON PARARRAYOS?  

Por si alguien tiene dudas sobre el asombroso parecido entre un pararrayo y una antena, analicemos brevemente como están constituidos cada uno de ellos. El pararrayos no es otra cosa, en síntesis, que un mástil férrico (hierro recubierto de cobre u otra aleación) que se conecta a una pica o “jabalina” enterrada en tierra necesariamente húmeda y conectados entre si por un cable de diámetro grueso.  

La antena, tanto da que sea horizontal como vertical pues eso al rayo le trae sin cuidado, es también un mástil metálico, unido a un cable conductor que va a parar a un equipo receptor, transmisor o transceptor, que a su vez está o debería tener el chasis conectado a una toma de tierra y, además, la línea de corriente, generalmente fase y neutro, o fase y tierra, que nos lleva nuevamente a tener, de una manera u otra, la antena conectada a tierra, a parte de que el mástil, torreta, o la propia antena, están anclados a una pared mediante las consabidas bridas metálicas. 

Todo ello nos lleva a repetir, de nuevo, la advertencia  ¡ante una posible tormenta eléctrica, es conveniente desconectar todas las antenas en la parte exterior de la casa! 

¿Qué pasa si no se atiende a esta advertencia y cae un rayo sobre la antena? Sencillamente, ésta literalmente reventará, el enorme potencial eléctrico descenderá raudo por los cables coaxiales calcinándolos instantáneamente. Al llegar al equipo, le convertirá en un amasijo de plástico y metal requemados. Posiblemente causará un pequeño incendio al entrar en contacto con papeles y libros (¡algunos radioaficionados tienen libros para leer!). A su vez, penetrará por la instalación eléctrica y la recorrerá de punta a punta. Las cajas de empalmes serán lugares especialmente peligrosos pues en ocasiones suelen estar ocultas dentro o detrás de armarios roperos, allí las chispas podrán provocar nuevos incendios. Todos los electrodomésticos y luces serán alcanzados por la sobrecarga produciéndose numerosas averías. 

No seamos pesimistas, las posibilidades de que ocurra esta catástrofe son muy pequeñas, pero mientras exista una sola, ya es razón suficiente para tomar toda clase de precauciones. Pero, ¿qué pasa si el radioaficionado corriente no dispone de toma de tierra, ni pararrayos, su casa es muy antigua, hecha de vigas de madera y paredes de ladrillo, donde la humedad es su compañera durante el invierno? 

SUGERENCIAS  

Ante esta delicada situación, por otra parte muy frecuente, solo nos resta un consejo, muy sencillo pero no por ello menos efectivo. Se trata de evitar que la descarga eléctrica pueda entrar dentro de la vivienda, y para ello no existe otra alternativa que la de cortar todos los cables que van desde las antenas al interior, pero cortarlos por la parte exterior del edificio. Allí podemos rehacer la línea con un conjunto de PL259 + adaptador doble hembra+ PL259. Las pérdidas son muy pequeñas, inapreciables para un trabajo normal en FM, V-UHF o HF. Ante la perspectiva de una tormenta, se desconectan todos los cables, debidamente identificados para no confundirlos al volver a conectarlos, y delante de los equipos de transmisión se dispone un cuartel que nos sirva de recordatorio: ¡ATENCIÓN, ANTENAS DESCONECTADAS! 

De esta manera, si el rayo cae directamente sobre nuestra antena, esta quedará totalmente destruida, así como la línea de bajada, pero en ningún momento correremos el riesgo de que la chispa produzca destrozos dentro de la casa. 

No sirve para casi nada desconectar los equipos y dejar los cables encima de la mesa, o dentro de un vaso,  como he oído comentar (“por ahí”) , supongo que en la creencia de que el “cristal” es aislante. Tampoco vale usar un conmutador de antenas y “desconectarlas” poniéndolo en una posición vacía, pues todas las masas siguen conectadas entre sí. Ineficaz ante un rayo también es el descargador de estática, esta especie de conector macho-hembra con una pequeña derivación. Probablemente existen sofisticados sistemas que permiten transmitir en medio de una tormenta eléctrica, de hecho esto es lo que continuamente hacen las emisoras de radio y televisión pero  estos métodos no están al alcance del radioaficionado sencillo y urbano.  

Siempre habrá quien ponga en duda todo lo dicho y que insista, dentro de su círculo de íntimos, que es suficiente realizar alguna de las acciones invalidadas en el párrafo anterior. Hay que tomar precauciones pues cabe la posibilidad de que forme parte del denominado “Efecto SRD” (Síndrome del Radioaficionado Desinformado)  

 

ANTENAS (1982)

ANTENAS (1982)

CONTEXTUALIZANDO EL ARTÍCULO 

Este artículo se escribió durante el otoño de 1982, después de experimentar con diversas antenas para la banda de 10 metros, en las frecuencias de 29,000 a 29,100 MHz. la única zona donde los EC podían transmitir. Más tarde se permitió hacerlo entre 28,900 y 29,100 MHz. ¡En AM! Sí, sí, se suponía que los EC sólo podíamos usar la Amplitud Modulada, no la BLU (SSB) Banda Lateral Única. Así estaban las cosas entonces. 

 

Se emplearon materiales muy sencillos, baratos y fáciles de encontrar en cualquier ferretería. Las pruebas demostraron que, siendo la antena el elemento esencial en una estación radiotransmisora de aficionado, ésta podía construirse de manera rápida y eficaz, estando al alcance de todos los radioaficionados, cualquiera que fuera su nivel técnico.

Se ha reeditado  tal como se publicó en la revista URE de hace 25 años, respetando el estilo y los dibujos originales, hechos a mano alzada. Así lo hacíamos y disfrutábamos los radioaficionados de aquellos tiempos.  

 

ANTENAS

Publicado en URE en diciembre de 1982 por EA3DDK

Acogiéndome a la idea aportada por xx7xxx, en la revista de agosto-septiembre y a la propia nota de redacción, ofrezco mi colaboración para lo que podría ser el inicio de una sección dedicada a los principiantes y veteranos poco versados en los grandes temas electrónicos, entre los cuales me encuentro yo. El tema elegido para esta ocasión es la siempre interesante experiencia deldiseño, cálculo y montaje de una antena muy sencilla y conocida que no por ello deja de resultar práctica y sumamente eficaz e increíblemente económica. Se trata, en este ejemplo, de la “V” invertida monobanda para 29 Mhz.  Empezaremos a trabajar haciendo primeramente acopio del material que vamos a utiliza: necesitamos cinco metros de hilo conductor que muy bien puede ser el empleado en las instalaciones eléctricas de las viviendas; es suficiente una sección de 1’5 a 2’5 milímetros de sección. También nos hará falta un trozo de tubo de plástico de PVC de unos 30 centímetros de largo y unos dos centímetros de diámetro, el cual cortaremos en cuatro pedazos iguales para así disponer de otros tantos “aisladores-separadores”. Finalmente cuatro sujetacables pequeñitos y unos trozos de cuerda que nos servirá para sujetar los brazos de la antena en el lugar adecuado. 

MONTAJE 

Cogeremos el hilo conductor cortado en dos trozos de 2’5 metros, lo ataremos a una barandilla por uno de los extremos y daremos un par o tres de tirones para que pierda elasticidad y evitar así que, una vez montada la antena, se alarguen los brazos por efecto del viento u otras inclemencias meteorológicas. A continuación los cortaremos a la medida según la fórmula simplificada: 142’5 / f (frecuencia en mhz.) el resultado de esta división nos dará la longitud de la media onda expresada en metros que, en nuestro caso particular será:  142’5 / 29mhz. = 4’91 metros de ½ longitud de onda Este resultado lo dividiremos por 2 para hallar la longitud de cada uno de los brazos que forman la  V”, el resultado es de 2’46 metros por sección. 

Ahora cogeremos los cuatro pedazos de tubo y les practicaremos un taladro a 1’5 centímetros en cada extremos con un diámetro suficiente para que pase el cable que antes hemos cortado. (figura 1)

A continuación ensartaremos cada extremo de hilo conductor por uno de los taladros del respectivo “aislador” (figura 2) de forma que atraviese de cara a cara, y en los puntos A-A’ pelaremos el cable unos tres centímetros y, estos, serán los puntos donde soldaremos el conductor central y la malla del cable coaxial de 50 ohmios del tipo RG-58, que alimentará la antena.

  Para evitar que se suelte el cable del aislador, lo fijaremos con los sujetacalbes, también llamados “perrillos”, puestos en los puntos señalados por “B”. 

A continuación, uniremos los aisladores, cuyo cable ha sido pelado, mediante un alambre que pasaremos por el taladro que había quedado libre y, esta será la parte que ocupará el vértice de la “V” invertida. A los dos aisladores que aún les queda un extremo libre se les ensartará una cuerda o alambre a cada uno, que nos servirá para sujetar las puntas de los brazos a los amarres respectivos del suelo. Con todo ello a punto, lo montaremos según la figura 3.

  Cuando procedamos al montaje debemos tener en cuenta que:- El ángulo de la “V” no debe ser menor de 90 grados pues, si lo fuera, la radiación de ambas ramas tiende a anularse. En ángulos superiores a 120 grados, la antena se comporta como un dipolo.- Para longitudes de onda superiores a la banda de 20 metros, es necesario aumentar la sección del cable para hacerla más resistente mecánicamente.- Seguramente será preciso un ligero reajuste de la longitud de los brazos de la antena, según las características propias del lugar donde esté instalada.- Es conveniente disponer la antena de forma que sus extremos no puedan ser tocados accidentalmente ya que existe en estos puntos una tensión que puede llegar a ser peligrosa.

A RAQUETAZOS CON LA TEORÍA DE LAS ANTENAS

A RAQUETAZOS CON LA TEORÍA DE LAS ANTENAS

La BIBLIOTECA, será el lugar donde iré publicando viejos artículos técnicos, dirigidos especialmente a los principiantes, que escribí desde hace unos 25 años aproximadamente.

Una buena parte de ellos giran en torno a las antenas, el último reducto de experimentación fácil, divertida y práctica que les queda a la mayoría de radioaficionados. Otra parte será una miscelánea en la que se explicará distintas habilidades necesarias para disfrutar de la radioafición.

Por la construcción de este blog, es muy fácil copiar y pegar todo lo que aquí se escribe, sin embargo, el autor agradecerá que en las copias se haga constar la procedencia y la autoría de estos trabajos en los cuales se invirtió mucho tiempo e ilusión.  Gracias

A RAQUETAZOS CON LA TEORÍA DE LAS ANTENAS

(Este artículo fue publicado por primera vez en la revista URE en Marzo de 1986)

¿Por qué un dipolo para 29 mhz. debe medir 4,91 metros y no 6 ó 5 metros? ¿Por qué una media onda de 27 mhz. puede funcionar medio regular en 29 mhz. y, en cambio, un dipolo cortado expresamente para 3,5 mhz. no cubre toda la banda de 80 metros? ¿Cómo puede calcularse el tamaño de cualquier antena conocida su frecuencia de uso o viceversa? 

Intentaremos explicarlo todo de una manera amena y sencilla. Casi todo el mundo conoce la fórmula para calcular la longitud de una antena, pero ya son menos los que saben el porqué de su uso y procedencias. Para que se entienda usaremos como base un maravilloso ejemplo ideado por un gran maestro de la radioafición, EA3PI, (q.e.p.d.) que a mi modo de ver es el más gráfico y comprensible. 

Supongamos que tenemos un tubo de material transparente de una cierta longitud por el que discurre una pelota de tenis. Un extremo de dicho canuto está abierto y, ante él, estamos nosotros convenientemente provistos de una raqueta y prestos a soltar un raquetazo cada vez que la bola llegue a nuestro extremo. La otra punta del caño está tapada por una especie de membrana capaz de devolver la pelota con la misma fuerza y cadencia con que nosotros se la enviamos. 

Ya tenemos descrito nuestro equipo emisor, pero ahora, antes de continuar, vamos a sentar unas premisas:

a) La pelota simboliza a los electrones que constituyen la energía electromagnética que recorre la antena. Su velocidad es una invariable constante de 300.000 Kms por segundo.

b) Nosotros, raqueta en mano, representamos al emisor y  debemos actuar como tal golpeando a la bola con una frecuencia predeterminada y constante.

c) Y para que todo el sistema funcione correctamente es lógico suponer que el tubo deberá tener una longitud acorde con la velocidad de la pelota y la frecuencia de nuestros golpes. 

Volvemos a nuestro ejemplo práctico. Si nuestro terreno de juego (léase canuto) da la casualidad de que mide 4,91 metros y nosotros somos capaces de golpear con la raqueta nada menos que 29.000.000 de veces por segundo, podremos observar con verdadero placer que, cada vez que lanzamos un golpe a la pelotita, la acertamos de lleno en el centro del cordaje de la pala. 

Ahora bien, si por alguna causa aceleramos la frecuencia de nuestro incesante golpeteo, entonces nos daremos cuenta de que la bola, dada su velocidad inalterable y siguiendo siempre la misma distancia, da la impresión de llegar tarde a su cita y, solamente conseguiremos atizarle con la punta de la raqueta. Si por el contrario, ralentizamos la frecuencia de los golpes, como el resto del sistema no ha variado, veremos que la pelota parece que llega antes al punto de encuentro y sólo lograremos darle con el mango. Pero, curiosamente, bien o mal, podremos seguir jugando con el sistema, aunque no logremos el 100 por 100 del rendimiento, pues una parte de la potencia de nuestro golpe habrá sido transferido a la pelota, pero otra parte importante lo perderemos en calor, producto del esfuerzo vano que realizamos y que a la larga puede provocarnos un cansancio prematuro del brazo (válvulas o transistores del paso final). No obstante, dentro de unos límites razonables, podremos variar la cadencia de los golpes o la longitud del tubo sin ningún riesgo significativo siempre que la pelotilla en cuestión incida dentro del marco de la raqueta. La diferencia, entre el límite superior y el inferior, nos da lo que viene a llamarse “anchura de banda de una antena”. 

Sinteticemos. Si aumentamos la frecuencia, debemos disminuir la longitud; por consiguiente, si bajamos la frecuencia, debemos aumentar la longitud de la antena.  

Perspicazmente, nos damos cuenta de que en esta explicación hemos manejado tres factores: 

1º.- la longitud del tubo, o mejor dicho, de la antena.

2º.- la frecuencia de raquetazos del emisor.

3º.- la velocidad de la pelota, siendo esta constante, invariable e igual a la velocidad de la luz: 300.000 kilómetros por segundo. 

Luego, será fácil relacionar estos tres elementos en forma de una ecuación en la cual, conociendo la constante y uno de los factores, se puede hallar el otro. Así tendremos: 

Longitud de onda en metros = 300.000.000 metros/segundo / Frecuencia en hertzios 

o lo que es lo mismo: 

Longitud de onda en metros = 300 / frecuencia en Megahertzios.  

Ahora bien, como lo que generalmente nos interesa es la medida de la media longitud de onda, podemos reducir aún más esta fórmula: 

Media longitud de onda = 150 / frecuencia en Megahertzios. 

Pero esta fórmula aún es susceptible de otra corrección. La electricidad, al circular por un conductor físico, sufre una cierta disminución de su velocidad por efectos capacitativo e inductivo, e incluso por la propia naturaleza del material con el cual está construida la antena. Dicho en otras palabras, la electricidad y la  luz, al atravesar un medio material queda frenada por los rozamientos de sus electrones con los del cuerpo por el que circula. Por todo ello, rectificaremos la velocidad de la luz, multiplicando su valor  por una constante cuyo término medio es de 0,95, así obtendremos  la fórmula definitiva: 

Media longitud de onda = 142,5 / Frecuencia en Megahertzios. 

Algunos autores prefieren redondear y transformar la cifra 142,5 a 143, evitando así los decimales y facilitando la operación matemática.  Empleando estos conocimientos que acabamos de adquirir, podemos comprobar y descubrir por qué una antena cortada para la banda de 10 metros puede cubrir de 27 a 30 mhz. y, en cambio, otra ajustada para 3,6 mhz. tiene serias dificultades para resonar en los 300 kilociclos de banda asignados. 

L = 142,5 / 29 mhz. = 4,91 metros

L = 142.5 / 28 mhz. = 5,08 metros

L = 142,5 / 27 mhz. = 5,27 metros 

Comprobamos que en un megahertzio la diferencia de longitud de media onda sólo sufre una variación de 17 ó 19 centímetros, que representa un margen no demasiado excesivo. Sin embargo, en el caso de la banda de 80 metros, veremos que ocurre: 

L = 142,5 / 3,5 mhz. = 40,71 metros

L = 142,5 / 3,6 mhz. = 39,58 metros

L = 142,5 / 3,7 mhz. = 38,51 metros

L = 142,5 / 3,8 mhz. = 37,50 metros  

Vemos claramente que en sólo 100 kilociclos, la variación de longitud supone más de un metro de diferencia y, de un extremo a otro de la banda, la disparidad alcanza los 3,21 metros. En nuestro ejemplo del tubo y la raqueta debemos imaginar que si tenemos cortado el tubo para 3,5 mhz. y nosotros “funcionamos” a 3,8 mhz. cuando llegue la pelota ya habremos barrido todas las moscas a nuestro alrededor. 

Evidentemente, la tercera pregunta que proponíamos la principio de nuestro artículo  queda sobradamente contestada pues, conociendo la fórmula mágica, podremos calcular cualquier antena y saber, cuando la probemos, si es larga o corta según la frecuencia que usemos. 

Posiblemente, después de leer esto, ejercitaremos una sana y respetuosa duda cuando nos hablen de antenas de VHF que funcionan de “maravilla” en HF, o de acopladores milagrosos con salida de cable coaxial.   

LA RADIOAFICIÓN ES ABURRIDA

LA RADIOAFICIÓN ES ABURRIDA

-La radioafición es aburrida- Con estas palabras me desarmó el hijo de una vecina con el cual había coincidido en la terraza del edificio donde vivimos.

La historia empezó unos días antes, cuando subí a la terraza del edificio para realizar unas tareas de mantenimiento de las antenitas que tengo instaladas. Sólo se trataba de una inspección visual rutinaria para comprobar que todo estaba en su lugar. Allí me encontré con Paquito, un chico de trece años que estaba jugando con un viejo "gualquitalqui", comunicándose con otro vecino del bloque de enfrente. Esos "gualquis" operan en la frecuencia de 27 MHz. de Banda Ciudadana, concretamente en el canal 14 (27.125 MHz) Estuvieron de moda entre las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado, pero aún pueden verse algunos modelos en bazares y jugueterías. Su manufactura es muy deficiente y la calidad de transmisión horrible. Sin embargo, ambos chicos parecían divertirse mucho intentando descifrar lo que se decían uno a otro entre el ruido de fondo, las interferencias de toda índole y los continuos cortes de emisión debidos a fallos de los aparatos.

Estuve un rato observándolos mientras recordaba que muchos años atrás yo también había hecho cosas parecidas. En un viaje a Andorra, compré mi primer "equipo" de radio. Era una pareja de "guarquitarquis" que fallaban más que una escopeta de feria, pero que me permitieron escuchar las primeras emisiones de los que yo pensaba que eran "radioaficionados" En realidad no lo eran. Se trataba de usuarios de Banda Ciudadana, que nada tiene que ver con la radioafición aunque copien su "modus operandi". Mientras me perdía entre recuerdos de juventud, noté un tirón en la manga de mi camisa. Era el chico del 5º2ª que tironeaba mi ropa para llamarme la atención. Salí de mi ensimismamiento y lo miré interrogadoramente.

- ¿Es tuya esta antena?- preguntó al mismo tiempo que señalaba el pequeño mástil con una corta antena vertical de V-UHf, otra para la recepción de satélites meteorológicos y un hilo largo que transcurría discretamente, casi invisible, a poca altura y entre el resto de elementos de la terraza.

 

- Sí, en efecto, es mía- afirmé mientras trataba de prepararme para la siguiente pregunta que creía estaría relacionada con la típica curiosidad infantil por esas cosas cargadas de misterio que yo me proponía aprovechar para soltarle una breve disertación sobre radioafición, en un intento de acaparar su atención e introducir el gusanillo de la radio en aquella joven mente.

 

- ¿Es para conectarte a la red de WIFI?- preguntó el chico. - ¿Qué, cómo?- Exclamé sorprendido ante una pregunta tan inesperada.

 

- ¿Digo que si la usas para conectarte a internet por wifi? ¿Conoces alguna red gratuita? ¿Juegas on-line? ¿Cual es tu nick en el Messenger?- Apabullado por tal batería de preguntas casi me quedé sin habla durante algunos segundos, tiempo que el chico aprovechó para enviar otra andanada.

 - ¿Qué ordenador usas, portátil o fijo? ¿Tu router es por cable o inalámbrico? ¿A qué velocidad trabaja la CPU? ¿De cuanta memoria RAM dispone?- Cuando se calló para tomar aire, aproveché para cortar su perorata de forma ingeniosa... -No, no, no...- balbuceé. -No es una antena para "güifi". Son las antenas que uso para mi estación de radio.
-¿Estación de radio?- exclamó sorprendido, y añadió -¡ah, ya lo entiendo, juegas con algún simulador de trenes...!
-¡No!- me apresuré a cortar de nuevo. -No es ninguna estación de trenes. Se trata de una estación de radioaficionado. Son las antenas a las que van conectadas mis emisoras de radio.

-¿Tienes una emisora de radio?- preguntó sorprendido. -¿Es una emisora local? ¿Qué música pones? ¡A mi me gusta el Hip-Hop!

 

Desde luego, el chico era rapidísimo encadenando preguntas. Pero cada vez se alejaba más de la realidad. ¿O debería decir de "mí" realidad? Cuando vi que abría de nuevo la boca, levanté la mano e hice como si cortara el aire al mismo tiempo que añadía. -¡Para un momento, chico, déjame hablar a mí!

 

-Nada de lo que supones. No se trata de una emisora de radio local, sino de una emisora de radioaficionado. Yo soy radioaficionado, y con mis equipos de radio conectados a estas antenas puedo hablar con otros radioaficionados dispersos por todo el mundo-. Después de soltar la parrafada, lo miré fijamente esperando que en su cara apareciera la sorpresa y el interés o, al menos, curiosidad por lo que acababa de decirle. Pero su rostro permanecía expectante, como si esperara que continuará hablando.

 -¡Qué te parece!- pregunté con cara de satisfacción, y continué. -Mis equipos de radio son miles de veces más potentes y versátiles que esos "gualquitalquies" con los que jugáis. Con estas antenas alcanzo todos los confines de la tierra. Donde hay una estación de radioaficionado, allí puedo llegar yo, si las condiciones atmosféricas lo permiten, claro. 

-¿Eso es todo?- preguntó inocentemente, poniendo cara de fastidio.
-¿Te parece poco?- exclamé. Me parecía increíble que el chico no saltara como un resorte y me pidiera a gritos que le mostrar las maravillas que podía hacer con mi estación de radio. Sin embargo, el chiquillo no parecía en absoluto impresionado, al contrario, su cara mostraba más aburrimiento que otra cosa.

 

-¡Bah! Con mi ordenador portátil también puedo hablar con internautas de todo el mundo, además puedo escribirles mensajes instantáneos, enviar y recibir fotografías, videos y música, verlos mientras converso con ellos y, al mismo tiempo, navegar por la red buscando información que me interesa y, además, hacer los deberes de la escuela.

 

-Pero, pero... ¡no es lo mismo!- balbuceé anonadado.
-Claro que no es lo mismo- respondió el mozalbete -¡Es mucho mejor!- dijo riéndose.
-¡No puede ser!- atiné a contestar muy compungido. -La radioafición es aventura, investigación...!
-Cuando dices aventura, ¿te refieres a las aventuras que pasaste para que te dieran permiso para montar tus antenas?- se burló el chico. -Mi padre nos explicó lo que sufriste con la negativa de la vecina del cuarto. También nos contó el relato que hiciste en la asamblea de vecinos, explicando tus esfuerzos para aprobar un examen de electrónica, los permisos que tuviste que pedir a Telecomunicaciones, el dineral que te pedía la empresa instaladora de antenas, lo caros que eran tus equipos, que por otra parte no puedes modificar ni actualizar...

  

¡Basta, basta!- grité horrorizado al recordar el esfuerzo sobrehumano que tuve que realizar para superar todos aquellos impedimentos.

 -La radioafición es ciencia, técnica, investigación, experimentación- dije, sacando a relucir los viejos argumentos que usábamos para legitimar la radioafición, pero el chaval me cortó apostillando-¿Ciencia, técnica, investigación, experimentación...? ¿Conoces algún científico que use estos viejos aparatos de radio para realizar investigaciones y experimentos, o tan siquiera comunicarse entre sí? ¡No, por supuesto que no! Todos los científicos usan ordenadores conectados a internet. -Pero los radioaficionados colaboramos humanitariamente en caso de catástrofes y accidentes...- añadí muy poco convencido-¿Te olvidas de los teléfonos móviles? Todo el mundo tiene uno o varios teléfonos móviles. Si alguien tiene un accidente, es mucho más rápido y efectivo llamar directamente al 112 que pedir ayuda a través de un repetidor invadido por piratas y pirados, según te oí comentar una vez cuando hablabas con otra persona mayor.

-Tal vez, pero cuando hay una gran catástrofe, la telefonía e internet fallan- añadí satisfecho de haber encontrado una grieta en sus argumentos.

 - Ja, ja, ja. rió el chiquillo. -Te olvidas de los satélites. Yo puedo conectarme a internet por satélite y, mediante un programa telefónico gratuito, puedo ayudar mucho más en unos minutos que tu haciendo llamadas CQ durante horas. –Por cierto, ¿lo de CQ no tendrá algo que ver con Caiga Quién Caiga?- añadió socarrón.

Me sentía como un boxeador en KO técnico. El chico era demasiado para mí. ¿Con qué lo alimentaba su madre para que con sólo trece años supiera tanto de todo? ¿Tenía algo que ver el Cola-Cao o eran las supuestas radiaciones nocivas de las antenas de telefonía móvil en las proximidades de su escuela? En todo caso, me salvó la campana. Quiero decir que en aquel momento sonó mi móvil, cosa que me permitió tomarme un respiro y hacer tiempo antes de continuar con aquella discusión que intuía perdida. Era mi esposa que me llamaba para que bajara a comer.

-Lo siento, chico, pero he de volver a casa. De todas maneras, ha sido muy interesante hablar contigo. Me gustaría que vinieras a casa algún día para que te enseñe como es la radioafición...- añadí en un vano intento de reproducir viejas e inútiles formas de llamar la atención a la juventud.

 -Gracias, pero no es necesario que me enseñes como es la radioafición. He visitado diversos foros de internet y ya he visto como se insultan y pelean los radioaficionados entre sí. En vez de hablar de las supuestas investigaciones técnicas y experimentaciones que comentas, sólo pude leer opiniones sin sentido y tonterías por el estilo, con un montón de faltas de ortografía. Se nota que los radioaficionados leéis poco. En cambio, en los foros de los internautas informáticos se explican diversas técnicas para sacar el mejor provecho de los ordenadores y se ayuda a los novatos para que aprendan cada día más.

Esta fue la puntilla que acabó conmigo. O eso creía, porqué el muchacho aún tenía guardada otra pulla. Nos despedimos y cuando me alejaba me llamó. Me di la vuelta con la esperanza que hubiera reconsiderado mi ofrecimiento y aceptara venir a visitarme para ver mi estación (o debería decir apeadero) de radioaficionado.

 

-No le des más vueltas viejo, la radioafición ya no interesa a nadie. No tiene ninguna utilidad y, sobre todo, la radioafición es aburrida, muy aburrida.

 Definitivamente, tocado y hundido.

CONCLUSIONES

Hemos cometido tantos errores en la última década que ahora sólo sabemos lamentarnos como Boabdil el Chico(1) . Definitivamente, no hemos aprendido nada. O reinventamos urgentemente una nueva radioafición o mejor cerramos las puertas y desaparecemos dignamente. (1)Cuando el viajero sale de Granada puede divisar por última vez la ciudad desde el Suspiro del Moro, antes de descender al Valle de Lecrín. En este lugar es donde se dice que Boabdil, el último rey nazarí, después de haber firmado las Capitulaciones con los Reyes Católicos, dirigió por última vez la vista a Granada y lloró por la pérdida de su querida ciudad. Cuenta la leyenda  que al verlo su madre le dijo: "Llora, llora como mujer lo que no supiste defender como un  hombre".