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EL RADIOAFICIONADO PATITIESO

ESTADÍSTICAS

ESTADÍSTICAS

Me había propuesto no comentar los datos estadísticos que la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información vuelve a publicar en su sitio pero, viendo las cifras que se publican con fecha de 15 de abril de 2008, compruebo que, tal como pronostiqué en años anteriores, la desaparición de la prueba de telegrafía no sólo no ha mejorado los números, sino que estos han experimentado un considerable bajón. Cierto que con la regularización que introdujo el nuevo Reglamento, reunificando las tres licencias, EA, EB y EC, en una sola, ha influido en esta bajada, como también lo habrá hecho el pago de la tasa de 180 euros, que acababa con el canon quinquenal pero, aún teniendo en cuenta todo ello, es innegable que el descenso es muy importante y, probablemente, imparable.

El gráfico lo demuestra de manera clara y, de la misma manera que la tendencia no muestra indicios de invertirse, tampoco aparecen ideas que ofrezcan soluciones, en el supuesto que esto deba solucionarse, que tampoco está muy claro. En realidad, parece que el proceso de depuración iniciado hace ya 10 años sigue adelante. Aún a costa de arriesgarme mucho, pienso que el número total de licencias de radioaficionado en España continuará bajando hasta que alcancemos unas cifras próximas a los 15 ó 20.000 aficionados. Si esto ocurre de esta manera, es probable que la autodenominada "asociación mayoritaria", URE, sufra problemas económicos para mantener la infraestructura económica actual.

En el foro de URE se sigue hablando de promoción y divulgación como formas paliativas de este descenso. En realidad, ambas ideas no son otra cosa que un proselitismo equivocado. Ninguna de las actuaciones que se llevan a cabo ha conseguido éxitos importantes y dignos de tener en cuenta. Esto ocurre porqué, simplemente, carecemos de datos serios que nos informen de la percepción social de la radioafición. Si no sabemos que espera la sociedad de nosotros, mal podremos atender a sus expectativas. 

Por otra parte el peso social de la radioafición nunca fue determinante en la sociedad española. Para influir en las políticas que regulan nuestras instalaciones de antenas no es necesario disponer de una gran masa social, tal como parecen creer la mayoría de socios de URE, sino de unos buenos contactos dentro de la Administración del Estado y entre la clase política y esto, desde el inicio de la democracia ha ido cada vez a peor. Durante el periodo de la dictadura  franquista, quienes ocupaban cargos de responsabilidad en la única asociación permitida, y a la que era obligatorio pertenecer, estaban muy relacionados con los centros de poder. En estos momentos, el alejamiento de estos círculos parece evidente. Sin una red social que nos de soporte y proteja, estamos abocados a la desaparición a medio plazo o, al menos, es muy probable que la radioafición desaparezca tal y como se entiende ahora. Lamentablemente, seguimos teniendo una percepción de la radioafición exactamente igual que hace cincuenta años, mientras que la sociedad sigue avanzando a una velocidad muy superior a la que estábamos acostumbrados.

Los cambios asustan a las personas y, sobre todo, a los radioaficionados que suelen ser individualistas y conservadores. Pero, sin cambios no hay manera de avanzar y si no avanzamos no sólo nos quedaremos anquilosados, sino que seguiremos retrocediendo hasta la completa extinción, una extinción que nadie lamentará porqué, en estos momentos, no solo somos inútiles desde la perspectiva social, sino que nuestras infraestructuras causan molestias y temor a las personas que viven a nuestro alrededor.

Pero todas estas reflexiones ya las he dicho y repetido infinidad de veces sin ningún resultado positivo. Tal vez sea necesario que se cumpla el principio que, para que algo renazca es preciso que primero muera.   

 

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